Al borde de una impresionante cinglera, el santuario de la Mare de Déu del Far combina devoción, arquitectura histórica y uno de los grandes miradores naturales de La Selva. Aquí encontrarás su historia, los elementos patrimoniales que merece la pena observar, las distintas formas de llegar y algunas recomendaciones prácticas para organizar la visita.
Un santuario histórico con vistas excepcionales sobre Cataluña
- Ubicación: se encuentra en el municipio de Susqueda, en La Selva, a unos 1.123 metros de altitud.
- Historia: aparece documentado desde 1269 y conserva una imagen gótica de alabastro del siglo XV.
- Patrimonio: el conjunto incluye la iglesia, la casa prioral, la hospedería y la cercana capilla de Santa Anna del Grau.
- Acceso: se puede llegar en coche por carretera o a pie desde varios puntos del Collsacabra y las Guilleries.
- Plan de visita: conviene combinar el templo con el mirador, un paseo corto y la gastronomía de la hospedería.
Un santuario suspendido sobre La Selva
El santuario se levanta en la punta de la cinglera del Far, dentro del término municipal de Susqueda, aunque su paisaje también se relaciona estrechamente con el Collsacabra, las Guilleries y el valle de Hostoles. La posición explica buena parte de su atractivo: el edificio parece asomarse al vacío y domina un horizonte de bosques, barrancos y montañas.
Desde la explanada se obtienen panorámicas hacia el embalse de Susqueda, los riscos de Tavertet, el Montseny y distintos sectores de Girona. En días despejados, la amplitud visual es mucho mayor de lo que uno espera al visitar un santuario rural. Para mí, ese diálogo entre arquitectura y paisaje es precisamente lo que convierte al lugar en una visita patrimonial completa, no solo en una parada para hacer fotografías.
La cima marca además una transición geográfica muy interesante. El Far se sitúa en un punto donde confluyen referencias territoriales distintas, por lo que el visitante percibe cambios de relieve y vegetación en pocos kilómetros. El entorno pertenece a una Cataluña interior de caminos forestales, pequeños núcleos rurales y antiguos recorridos de peregrinación.
Una historia que comienza en la Edad Media
Las primeras noticias documentales del santuario se remontan a 1269, cuando aparece mencionado en un testamento como capilla dedicada a Santa María del Far. No se trata, por tanto, de una construcción reciente convertida en atractivo turístico, sino de un lugar de culto con más de siete siglos de presencia documentada.
El edificio sufrió daños durante los terremotos que afectaron Cataluña en el siglo XV y tuvo que ser reconstruido. La imagen de la Virgen que preside el templo pertenece a esa etapa gótica y está realizada en alabastro, un material trabajado con frecuencia en la escultura religiosa catalana. La representación de la Virgen con el Niño aporta al interior una dimensión artística que a veces pasa desapercibida frente a la espectacularidad del paisaje.
La iglesia actual fue levantada y transformada entre finales del siglo XVI y el XVII. El campanario se completó más tarde, en el siglo XVIII, y el conjunto fue restaurado durante el siglo XX. Estas intervenciones explican que el santuario reúna elementos de distintas épocas sin perder una imagen bastante unitaria.
El patrimonio está reconocido como Bien Cultural de Interés Local. Esa protección no solo se refiere al templo, sino también al valor del conjunto formado por la iglesia, la casa prioral, la hospedería y los espacios vinculados a la acogida de peregrinos y visitantes.

Qué ver dentro y alrededor del conjunto
La iglesia y su imagen gótica
La iglesia tiene una estructura sencilla, de una sola nave, con una sensación interior alargada y recogida. La luz entra principalmente por el rosetón de la fachada, un detalle que contrasta con la penumbra del interior y refuerza el ambiente de recogimiento.
La talla de alabastro de la Virgen es la pieza más significativa. Conviene observarla con calma y no limitar la visita a una fotografía rápida del altar. Su valor está tanto en la antigüedad como en la continuidad de la devoción que representa.
La hospedería y la casa prioral
Los edificios anexos recuerdan que estos santuarios fueron también lugares de descanso, encuentro y asistencia para quienes llegaban desde pueblos cercanos. La hospedería forma parte de la identidad del Far y ayuda a entenderlo como un espacio vivo, relacionado con la población local y con las rutas de montaña.
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La capilla de Santa Anna del Grau
A poca distancia se encuentra la capilla de Santa Anna, consagrada en 1498 y restaurada con motivo de su quinto centenario. Es un edificio pequeño, pero muy interesante para completar la visita, sobre todo porque permite apreciar cómo se organizaba antiguamente la red de capillas y santuarios del territorio.
Cómo llegar y qué opción elegir
La forma más cómoda de llegar es en coche, por la carretera que parte de la C-153 en dirección al Coll de Condreu. El acceso final está asfaltado y permite alcanzar directamente el entorno del santuario. Conviene conducir con calma, especialmente en los tramos de montaña y durante los fines de semana con mayor afluencia.
| Forma de acceso | Para quién es adecuada | Qué tener en cuenta |
|---|---|---|
| En coche | Visitas familiares o con poco tiempo | Es la opción más directa, pero hay que revisar la meteorología y el estado de la carretera. |
| A pie desde Sant Martí Sacalm | Senderistas que buscan una ruta con desnivel | Requiere calzado adecuado y reservar varias horas para hacer el recorrido con tranquilidad. |
| Desde el Coll de Condreu | Personas que desean combinar el santuario con rutas del Collsacabra | Permite ampliar la jornada, aunque el tiempo total depende del itinerario elegido. |
También existen caminos señalizados desde otros puntos de las Guilleries y del Collsacabra. Yo evitaría improvisar una ruta solo porque el mapa parece sencillo: la niebla, el barro y los cambios de tiempo pueden alterar mucho la dificultad real. Llevar agua, batería en el móvil y una capa impermeable resulta sensato incluso en una excursión corta.
Qué hacer durante la visita
La actividad principal es disfrutar del mirador natural y recorrer sin prisas los alrededores del santuario. La explanada permite detenerse, reconocer las formas del paisaje y entender por qué este lugar mantuvo tanta importancia para las comunidades de montaña.
La zona también dispone de espacios para descansar y hacer un pícnic. Si se visita con niños, es preferible mantenerlos alejados del borde de la cinglera y no confiarse aunque el terreno parezca estable. El paisaje es abierto y espectacular, pero precisamente por eso exige atención.
La hospedería y el restaurante añaden una dimensión gastronómica a la escapada. La información comunicada para 2026 indica servicio de bar y restaurante de jueves a domingo, con desayunos desde las 9:00 y comidas de 13:30 a 16:00. Como los horarios pueden cambiar por temporada, obras o gestión del establecimiento, recomiendo confirmar antes de salir, especialmente si la comida es una parte importante del plan.
Una visita equilibrada puede durar entre dos y cuatro horas si se llega en coche, se entra en la iglesia, se recorre el mirador y se hace un paseo cercano. Para una ruta a pie desde Sant Martí Sacalm o desde otros puntos del Collsacabra, lo razonable es reservar prácticamente toda la jornada.
Cuándo ir y cómo disfrutarlo con respeto
La primavera y el otoño suelen ofrecer una combinación especialmente agradable de temperaturas moderadas y colores variados en el bosque. El verano permite aprovechar más horas de luz, aunque el sol puede ser intenso en las zonas abiertas. En invierno, el viento, la niebla y las heladas pueden cambiar por completo la experiencia.
El santuario sigue siendo un espacio religioso, no únicamente un mirador turístico. Por eso conviene hablar bajo en el interior, respetar los momentos de oración y evitar convertir la iglesia en un simple fondo para fotografías. Esa actitud no limita la visita, sino que ayuda a conservar el carácter del lugar.
También recomiendo no abandonar los caminos ni acercarse innecesariamente a los cortados. El valor del entorno depende de que el paisaje se mantenga limpio y tranquilo. Una visita responsable significa llevarse los residuos, controlar a los perros y no recoger plantas, piedras o elementos del patrimonio.
El valor del Far más allá de la fotografía
El atractivo del santuario no depende de una sola pieza ni de una única vista. Su importancia nace de la suma de historia medieval, arquitectura religiosa, escultura gótica, memoria local y paisaje protegido. Esa combinación explica que continúe siendo un destino relevante para quienes recorren el patrimonio rural de Cataluña.
Mi recomendación es visitarlo sin prisa y con una mirada amplia. Primero observaría el conjunto desde fuera, después entraría en la iglesia y, finalmente, dedicaría tiempo al paisaje y a alguno de los caminos cercanos. Cuando se hace así, el Far deja de ser una parada aislada y se entiende como parte de una red histórica de santuarios, pueblos y rutas de montaña.
Si buscas una excursión sencilla, la llegada en coche permite concentrar la experiencia en el santuario y el mirador. Si prefieres una jornada activa, los caminos desde Sant Martí Sacalm o el Coll de Condreu ofrecen una lectura más completa del territorio. En ambos casos, el verdadero atractivo está en unir patrimonio y paisaje en una misma visita.
Una visita para recordar el paisaje y la historia
El santuario del Far merece un lugar destacado entre las escapadas culturales de La Selva porque ofrece algo difícil de encontrar en un mismo punto: una historia documentada desde la Edad Media, una imagen gótica, un conjunto arquitectónico reconocible y vistas abiertas sobre varias comarcas catalanas.
Antes de ir, basta con comprobar el acceso, confirmar los servicios de la hospedería y consultar la previsión meteorológica. Con esa pequeña preparación, la visita puede convertirse en una experiencia pausada y auténtica, de esas que permiten comprender mejor el patrimonio rural de España y el paisaje que lo mantiene vivo.
